
Hay días en los que preparar una comida complicada se hace cuesta arriba.
Cuando el cuerpo está cansado, cuando no apetece pensar demasiado o cuando simplemente hace falta algo caliente y suave, una crema sencilla puede ser una buena opción.
Esta crema de calabacín y zanahoria no pretende curar nada ni sustituir ningún tratamiento. Es solo una receta casera, fácil y reconfortante para esos momentos en los que el cuerpo pide calma.
Ingredientes para 2 personas
- 1 calabacín mediano
- 2 zanahorias
- 1 puerro pequeño
- 1 patata pequeña
- 1 chorrito de aceite de oliva virgen extra
- Agua o caldo suave
- Sal al gusto
Preparación
- Lava bien el calabacín, las zanahorias, el puerro y la patata.
- Corta las verduras en trozos medianos. No hace falta que queden perfectos, porque luego se van a triturar.
- Ponlo todo en una olla y añade agua o caldo suave, sin cubrir demasiado.
- Cocina a fuego medio hasta que las verduras estén tiernas.
- Tritura hasta conseguir una crema fina y agradable.
- Añade un chorrito de aceite de oliva virgen extra al final.
- Sirve caliente, sin prisas.
Por qué puede venir bien en días de cansancio
Esta receta es sencilla, suave y fácil de tomar. No requiere demasiados pasos, no necesita ingredientes raros y se puede dejar preparada con antelación.
En días de cansancio, tener algo hecho en la nevera puede evitar tener que improvisar cuando ya no quedan fuerzas.
Además, al ser una crema caliente y ligera, puede resultar reconfortante cuando apetece una comida tranquila, sin complicaciones.
Consejo desde la experiencia
Si puedes, prepara un poco más y guarda una ración para otro momento.
A veces, cuidarse también es ponérselo fácil para mañana.
Una crema como esta puede acompañar una cena ligera, una comida sencilla o uno de esos días en los que el cuerpo no pide grandes platos, sino algo amable.
Pequeñas variaciones
Puedes añadir un poco más de zanahoria si te gusta un sabor más dulce.
Puedes usar solo agua si no tienes caldo.
Puedes dejarla más espesa o más ligera según te apetezca.
Y si ese día no hay ganas de cocinar mucho, no pasa nada. La cocina también debe adaptarse a la vida real.
No todas las formas de cuidarse tienen que ser grandes.
A veces, cuidarse empieza con algo tan sencillo como un plato caliente, una cuchara y unos minutos de calma.
Por ti… contigo.
